Administrador

Registrado: 07 Sep 2007 Mensajes: 25
 
|
Publicado: Lun Sep 10, 2007 1:00 pm Asunto: Por la puerta de atras |
|
|
El sexo anal es una de las formas más habituales con las que un Amo puede poseer y disfrutar de su sumisa. Como el sagaz marqués de Sade nos indicó en su "filosofía del tocador" el orificio anal posee la forma, tensión y estrechez perfectas para satisfacer al falo más exigente, postulando que la sabia naturaleza lo había puesto tan cerca de la vagina como una forma de favorecer el control de la natalidad.
¡SEXO SEGURO!
El sexo anal es la práctica más peligrosa de cara a contagiarse del virus del SIDA. Por ello, y salvo que esté absolutamente seguro/a de la fidelidad de su pareja , siempre que vaya a practicarlo use un preservativo y un lubricante no graso (evite la vaselina) .
a) Entrenamiento previo al sexo anal.
Si tu sumisa no ha practicado previamente el sexo anal, o tiene poca experiencia con el mismo, conviene que la prepares psicológicamente para el mismo. Salvo que haya tenido una experiencia desagradable, a casi todas las sumisas les excita, de entrada, las ideas de dominio/sumisión asociadas al sexo anal.
Coloca a tu sumisa en la posición que se representa en la figura de al lado. Colócate a sus espaldas y ordénale que separe sus nalgas con sus manos. Manteniendola en dicha posición, déjale claro que esa parte de su cuerpo también es tuya, que puede servirte muy placenteramente con ella y que toda buena esclava que se precie debe poder ser utilizada sexualmente por detrás.
Usa un guante de latex o un preservativo para penetrarla con el dedo. Usa mucho lubricante -no uses cremas corporales o de manos, usa vaselina en esta fase- y procede lentamente. Ordénale que te avise en
cuanto note el más mínimo dolor o molestia. La relajación del esfinter es esencial, así que procura ir despacio y mantener tranquila a tu sumisa, para lo que puedes usar cualquier postura que os resulte cómoda. Generalmente, una vez pasado el primer anillo esfinteriano, puedes mover el dedo en su interior sin que ello le resulte especialmente desagradable.
Deberías repetir este ejercicio varias veces al día antes de usarla analmente. Si tu sumisa no es entrenada adecuadamente y te precipitas, el sexo anal pasará a ser algo sumamente desagradable para ella, lo que te dificultará su disfrute.
Una vez repetidas las penetraciones y dilataciones manuales, ordena a tu sumisa que practique ella misma con sus dedos o un consolador. Una forma de aumentar la excitación de la situación y el caracter "humillante" de la misma es que dicha práctica la realice tu sumisa en tu presencia. Existen, en las sexshops, juegos de buttplugs de distinto diámetro con los que, empezando por los pequeños, podrá ir dilatándo el esfinter poco a poco hasta llegar a los más gruesos.
Finalmente, la última fase del entrenamiento previo consistirá en que la sumisa lleve colocados consoladores anales flexibles debajo de su ropa, aumentando progresivamente el diametro y tiempo de
utilización de los mismos.
b) Practicando el sexo anal.
Que el sexo anal sea placentero o doloroso para tu sumisa depende, amén del entrenamiento previo, de la paciencia y cuidado que pongas en las penetraciones, al menos en las primeras. Aparentemente, el dolor de tu sumisa no debería importarte mucho, y se supone que ella debería asumirlo. Ocurre, sin embargo, que, en este caso, el dolor puede estar indicándonos un desgarro en el esfinter de consecuencias no deseadas, y, a veces, este tipo de dolor va acompañado de una descarga nerviosa del sistema parasimpático de imprevisibles resultados. Así que, mejor es que dejes el dolor para aquellas situaciones que controlas y aquí trates de minimizarlo o dejarlo en un nivel razonable. De hecho, el sexo anal practicado con maestría no tiene porqué resultar doloroso, sino que, por el contrario, puede resultar una fuente de estimulación y gozo para tu sumisa, que, incluso, podría llevarle al orgasmo.
¿Recuerdas cuando de niño tu madre te ponía un supositorio?. ¡La tensión del esfinter es lo que te hacía que tan pequeño diámetro te hiciese tanto daño!. Por lo tanto, la regla de oro del sexo anal es proceder con cuidado y lentamente. Si estás muy excitado y no puedes esperar, procura que te satisfaga por cualquier otro procedimiento.
Lubrica abundantemente, empieza a dilatar con los ejercicios del entrenamiento previo y finalmente penetra lentamente a tu sumisa. Deténte si siente cualquier dolor agudo y comienza a relajarla de nuevo. Una vez dentro podrás proceder de forma más rápida, de forma que, en breve, poseas furiosamente a tu sometida con gran placer para ambos.
3.3.3. El control del orgasmo.
Una práctica generalmente asumida en toda relación D/s es que el orgasmo de la sumisa o esclava depende absolutamente de la voluntad del Amo. En realidad, una vez más, estamos ante un juego de rol, en donde las apariencias engañan. Si un Amo nunca permite alcanzar el climax a su sumisa, está olvidando la verdadera dimensión del motivo por el que ella le sirve. Mitificar y sublimar la entrega ajena hasta el punto de suponer que ésta no necesita de ningún tipo de recompensa sexual y afectiva, es el primer paso para alcanzar el autismo a base de prácticar el egoismo y egocentrismo más estúpidos. De la misma forma, un Amo que siempre permite la satisfacción orgásmica de su bichejo está privando a éste de la sensación absoluta de pérdida de control. Una de las razones por las que debes denegar a tu sumisa el permiso para correrse u ordenar de improviso a ésta que alcance el orgasmo de inmediato es que, de esta forma, ella te cede el control también en esta parcela. Y ten muy presente que ella, precisamente, desea eso: entregarte el control de sus emociones, sensaciones y actos. En definitiva, aquí, como en todo, deberás proceder con inteligencia, administrar sabiamente tu poder, ejercer de Amo sin egoismos ni vacilaciones. Y recuérdale siempre a tu sumisa -aunque no sea verdad en sentido estricto- que correrse no es un derecho que ella tiene sino un privilegio que tu le otorgas.
Uno de los aspectos que más dificultan la obtención del orgasmo es el "estar mirando al otro con el rabillo del ojo". Muchas mujeres frígidas lo son por su incapacidad de abandonarse, de desviar su atención, de dejar de autoevaluarse durante el sexo. Para colmo, las personas masoquistas son, por lo general, muy autoexigentes y perfeccionistas. Por dicha razón, el tener que "correrse" por seguir una orden o no hacerlo por una prohibición, les libera de la obligación de tener que decidir por ellas mismas. Tu sumisa, probablemente, obtenga unos orgasmos más intensos en la medida en que tu seas quien decidas por ella cuando, donde y como.
 |
|